miércoles, 9 de julio de 2008

Indiferencia ante la muerte

El 19 de junio, Esmin Green de 49 años y oriunda de Jamaica, murió en la sala de espera de un hospital psiquiátrico de Nueva York. La noticia recién cobró importancia cuando la semana pasada se dieron a conocer las imágenes de las cámaras de seguridad, en donde se puede ver a un guardia que mira como la interna cae al piso y no hace nada al respecto.

Una hora después de que Green cayera al piso, llegaron una médica y una enfermera a socorrerla. Ya estaba muerta.

Lamentablemente parece que ya no nos sorprendemos cuando escuchamos alguna noticia sobre la mala atención en algún hospital, psiquiátrico, geriátrico o cualquier lugar que albergue enfermos, niños o ancianos. Es increíble que necesitemos ver las imágenes para tomar conciencia de que lo que nos están contando es real.

Por lo menos esta vez YouTube y diferentes weblogs sirven para hacer pública la forma en que la gente es maltratada o simplemente ignorada en este tipo de instituciones.
(Los interesados en ver el video pueden buscarlo en YouTube con el nombre de Esmin Green)

lunes, 30 de junio de 2008

El departamento


Cuando atendió el celular intuyó que iba a recibir una mala noticia. Hace tres días intentaba comunicarse con Ana, su mejor amiga, pero no estaba en su casa y su teléfono parecía desconectado.

Del otro lado de la línea un oficial de policía le pedía que vaya a la morgue para reconocer el cuerpo de una joven que podía ser su amiga. Era la única que podía hacerlo porque no tenía familiares en la ciudad.

Cuando llegó al edificio se quedó paralizada en la puerta. Fue todo muy rápido; entró, descubrieron el cuerpo, dijo que no era ella y salió del lugar.

Todavía shockeada por lo que había visto prendió un cigarrillo. En ese momento el mismo oficial que la había llamado le dijo que tenía que mostrarle un cuaderno que encontraron en el departamento de su amiga. La llevó con el comisario, quien le contó que la desaparición había sido muy rara ya que no había puertas forzadas, pero sí encontraron todo revuelto. Dejando de lado el manual, e intentando resolver más rápido el caso, le pidió si podía ver las anotaciones en el lugar del hecho.

Ya era de noche cuando partieron hacia la casa de la desaparecida. Subieron por el ascensor hasta el décimo piso. Entraron al departamento y ella le propuso al comisario que la dejara sola; de esta manera podría vivir lo que vivió Ana.

Se acercó a la ventana y comenzó a leer lo que estaba escrito en el cuaderno: “La noche está tan linda que quise admirar el paisaje de la ciudad. El edificio que más llama mi atención es el de enfrente, quizás porque es nuevo y tiene cerca de 20 pisos. Hay una figura en una de las ventanas pero no alcanzo a distinguirla, así que uso los binoculares que recibí hace poco de regalo. Ahora veo con nitidez que es un hombre y también mira a través de unos binoculares. Al principio me dio vergüenza y me empecé a reír, pero ahora ya no me hace gracia. Con su dedo índice está contando los pisos de mi edificio. Apago la luz del living para poder verlo mejor. El hombre hace una seña, como si me estuviera saludando, y sale de su casa. No sé si estaré paranoica pero creo que viene hacia aquí…”

El relato termina abruptamente… De repente ve que una luz se enciende en el edificio de enfrente; una figura se asoma por la ventana -¿Será el mismo hombre que vio su amiga?- El miedo la invade cuando ve que está contando los pisos.

El comisario y uno de los oficiales entraron al departamento una hora más tarde con la esperanza de que la joven notase algo que pudiera ayudarlos. Fue como un deja vu , revisaron los dormitorios, la cocina y el baño. –Señor no hay rastros de la joven-
En una mesita del living, cerca de la ventana, el comisario vio las anotaciones y unos binoculares.

lunes, 23 de junio de 2008

Lesbianos contra lesbianas

Un grupo de ciudadanos de la isla griega de Lesbos, dirigidos por el editor Dimitris Lambrou, ha iniciado un proceso legal en Grecia para impedir que el colectivo de mujeres homosexuales "usurpe" su gentilicio y las mujeres autóctonas puedan llamarse "lesbianas".

Los demandantes afirman que el termino “lesbiana” crea confusión entre la preferencia sexual y la isla de Lesbos.

Por su parte las organizaciones homosexuales grecas alegan que el motivo de los demandantes es pura homofobia.

Ahora, más allá de las dos posturas, no es tarea fácil utilizar otro término porque significaría todo un cambio social y cultural. Incluso en la Real Academia española aparece la palabra "lesbiana" con dos acepciones; la primera como un adjetivo: lesbio (natural de Lesbos, perteneciente o relativo a esta isla y perteneciente o relativo al lesbianismo); la segunda: mujer homosexual.

Si el fallo de la corte, que se dará a conocer en seis meses, es a favor de los habitantes de Lesbos, ¿la gente utilizará otra palabra para referirse a las lesbianas, o continuará utilizándola a pesar del fallo?

domingo, 8 de junio de 2008

La octava noche

Por octava noche consecutiva miré el reloj que me decía que eran las 4. Pensé en levantarme y buscar algún remedio casero para poder dormir… -si ya probé de todo y nada funcionó hasta el momento-. Quiero ir hacia la cocina para tomar un vaso de leche, pero algo me frena. Sí, ahora lo escucho; afuera el viento sopla muy fuerte y pareciera que va a arrasar con todo en su camino.

Cuanto más esfuerzo hago por dormirme, más ruidos escucho y mi mente no deja de imaginar cosas. Pero me doy cuenta de algo; -¡cómo no lo noté antes!- esta es también la octava noche en la que el viento sopla con una fuerza inusitada. En ese momento intento buscar una explicación lógica y me digo a mí misma que no es algo raro que haya tanto viento, pero ¿porqué escucho los mismos ruidos que las madrugadas pasadas? Quizás el cansancio hace que mi imaginación me engañe.

Estoy alerta, sin embargo no siento miedo…finalmente me levanto, agotada de dar vueltas en la cama. El viento para y de repente todo es silencio. Pero algo raro sucede, mi casa es diferente, -quizás porque no es mi casa- y me doy cuenta de que recorro un pasillo donde todo es blanco e inmaculado. Es el pasillo de un hospital.

Veo a mi familia hablando con un médico y me acerco a escuchar; parecen no notar que estoy ahí. ¿Qué pasó? ¿Por qué están tristes? No me escuchan.

Por octava noche consecutiva entran a mi habitación junto con el doctor: “Lo siento, nada cambió…sigue dormida”.

jueves, 22 de mayo de 2008

Invisibles

Supongo que no es raro, pero me di cuenta de que es más fácil hablar con un desconocido que con mis propios vecinos.

Esta mañana me encontré con una señora/señorita –no sé definir su estado civil- en el ascensor. Cuando entró no me saludó, podría asegurar que ni siquiera notó que había alguien más. Piso 4, 3, 2, 1, planta baja… abrió la puerta y bajó.

No es que me haya sorprendido, de hecho cada vez que la cruzo es igual, pero esta mañana me molestó y mucho porque además de ignorarme cerró la puerta de calle prácticamente en mi cara. Decidí entrar a su negocio y preguntarle qué le pasaba. Pero me quedé parada observando porque una clienta llegó y mi vecina no la miró, fue como si fuera invisible.

La señora giró hacia mí y dijo: “Parece que no está atendiendo… o no tiene ganas de atender. ¿No sabés dónde hay otra peluquería?”.

En ese momento perdí el papel protagónico y dejé de ser la única a la que ignoraban. Por supuesto la peluquera perdió una clienta.

Lo interesante es que pude quedarme charlando un rato con Marcela (la que no consiguió ser atendida), una nueva amiga invisible.

sábado, 10 de mayo de 2008

Máximo y Gabriel

Un día como cualquier otro. La gente camina rápidamente, inmersa en sus propios problemas. Pero Máximo recorre la avenida Sarmiento de manera diferente, quizás porque su trabajo está en la calle y por eso debe detenerse a mirar lo que los demás no miran: cartones y papeles que los negocios y casas desechan.

Lo observo. Noto que un niño está con él y me está mirando. No parece molesto, sino curioso porque se dio cuenta de que los estoy siguiendo. En ese momento Gabriel, de 5 años, se acerca y me saluda alegremente. Su papá, Máximo, también hace lo mismo y cinco minutos después ya estábamos charlando.

Me contaron tantas cosas que apenas llegué a mi casa tuve que escribirlas en papel para no olvidarlas. Sin duda lo que más me llegó fue la alegría y el orgullo de Gabriel de saber que está ayudando a su padre. “Pero él sabe que a mi no me gusta que venga a cartonear, lo hago porque no podemos mandar a los dos chicos al colegio, la plata no nos da”, me contó Máximo. También me dijo que prefiere que esté junto a él y no que se quede hasta la madrugada vendiendo mentitas en los semáforos y bares.

Otra cosa que me sorprendió es la buena relación que tienen muchos comerciantes y vecinos con él. “Ya saben que yo paso seguidito por acá, entonces me dejan cajas y diarios que ya no les sirven”, explicó. Incluso hay una señora –que espero poder conocer en algún momento- que los espera con un mate cocido.

Antes de despedirme le dije que me parecía que su trabajo era muy sacrificado porque sacaban poca plata y tenían que caminar mucho. “Sí, es difícil, pero por lo menos puedo estar con mi hijo, ver a la gente en la calle y también conocer a locos como vos que necesitan hablar un rato ¿Che lo de loco es con buena onda no?”.

Su respuesta me descolocó, me pareció genial. Yo estaba convencida de que él tenía ganas de charlar con alguien y contar su “historia” y el pensó lo mismo de mí y por eso se acercó.

sábado, 3 de mayo de 2008

Sólo emociones

Hay días en los que necesito que un ángel pase por mi vida, me de un respiro, una bocanada de aire fresco. A veces esos ángeles están siempre alrededor mío y no los noto y es así como se terminan yendo y buscando a alguien que si los mire.
Lamentablemente me doy cuenta que los quiero y necesito a mi lado cuando ya no están. Quizás si dejo de lado lo que pienso de mí y la imagen que la gente creó, por lo que permito que vean, se queden a mi lado. Quizás si pongo mi corazón y mi vida en sus manos…Siempre es quizás, ¿porqué no hacerlo?

Hoy lo hice.

Este es un post distinto, no suelo escribir en primera persona pero las emociones por las que atravesé durante el día así lo exigían. Son sólo eso, emociones y necesitaba expresarlas de algún modo.